Yanet y Marc corriendo hacia el mar en la playa de Playa del Carmen.

Cómo Trabajo

Capturado como testigo. Editado como cine.

La silla en la que nadie más se sienta

Todos en una boda tienen un trabajo. La planner lleva el timeline. El fotógrafo produce los retratos. Tu familia está ocupada viviéndola. Yo ocupo la única posición cuya única tarea es prestar atención al día tal como realmente sucede.

Semanas después, en la sala de edición, esa posición se convierte en algo concreto: me toca ver qué momentos sobreviven. La toma espectacular rara vez lo hace. Lo que perdura son las manos de tu padre durante los votos, tus amigos cantando fuera de tono y sintiendo cada palabra, los treinta segundos antes de que entraras. He visto este patrón repetirse en cada film que he hecho, y cambió mi forma de filmar. Trabajo para los momentos que seguirán significando algo dentro de diez años, no para los que se ven impresionantes esta semana.

Leer el día, no dirigirlo

No poso, no dirijo, no recreo nada. Pero observar no es lo mismo que apuntar una cámara. A lo largo del día leo a la pareja, a los invitados y la energía de la sala, para estar en posición antes de que los momentos reales sucedan, en lugar de reaccionar después de ellos.

Esa lectura también da forma a la edición. La música y el orden del film se eligen para tu boda en específico, nunca a partir de una plantilla. Es la razón por la que dos de mis films nunca se sienten iguales.

El sonido sostiene el film

La columna vertebral de cada film que entrego es el audio real: tus votos, los discursos, el sonido ambiente del lugar. Dentro de unos años, eso es lo que trae el día de vuelta. Lo grabo con equipo dedicado, lo mezclo con intención y construyo la narrativa encima de él.

Maura y Jason intercambiando votos frente a frente en la ceremonia del cenote.

La fiesta, construida como el final que merece

La mayoría de las coberturas tratan la recepción como relleno. Unas cuantas tomas de la pista, música genérica encima, y listo. Desde donde yo me siento, la fiesta es el punto emocional más alto del día. Es donde la gente por fin baja la guardia y se vuelve completamente ella misma.

Por eso la construyo con el mismo cuidado que la ceremonia: múltiples cámaras, cortada al ritmo de la música de esa noche, estructurada como la secuencia final de una película. Es, consistentemente, la parte que las parejas más vuelven a ver. Quédate hasta el final de cualquiera de mis films y lo verás.

María y Fernando haciendo su entrada a la recepción bajo los arcos de Hacienda Xtepen mientras los invitados celebran.

Los films son públicos, completos

No deberías tener que adivinar lo que estás comprando. Cada film que entrego está publicado completo en YouTube, del primer cuadro al último. Ve uno de principio a fin antes de que hablemos. Ese es el producto.

Pocas bodas al año, a propósito

Tomo de ocho a diez bodas al año. Cada una la filmo y la edito yo, sin asociados y sin segundos equipos. Ese límite es lo que hace que todo lo demás en esta página sea verdad.

Antes de las bodas, pasé trece años en producción comercial para marcas internacionales, después de una Maestría en Fotografía Digital en la School of Visual Arts de Nueva York. En los sets comerciales las tomas extras cuestan mucho, en las bodas no existen.

Preguntas que hacen las parejas

¿Diriges o posas a las parejas durante la boda?

No. No escenifico momentos, no repito entradas y no interrumpo el día. El film se construye a partir de lo que realmente sucedió, que es la razón por la que se sostiene años después.

¿Quién filma y edita la boda?

Xavier, en ambos casos. La persona que observa cómo se desarrolla tu día es la misma que después decide qué momentos entran al film. Sin asociados, sin edición subcontratada.

¿Por qué un film completo en lugar de un video de highlights?

Un highlight reel muestra las tomas más atractivas. Un film cuenta el día como una historia, con sus voces reales sosteniéndola. La diferencia no está en la calidad de las imágenes; está en si existe una narrativa que las una.

¿Cuántas bodas tomas por año?

De ocho a diez, por diseño. Es el número que permite que una sola persona filme, edite y entregue cada proyecto personalmente.

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